-Disculpe, me habré equivocado. Y finalicé la llamada.
Me quedé mirando unos instantes la pantalla del móvil con cara extrañada. No comprendía nada. Aquél nº de móvil lo tenía desde hacía una eternidad y aunque últimamente no manteníamos ningún contacto, siempre pensé que si lo cambiaba, me avisaría.
La conocí en el colegio pero fue años después cuando coincidiendo en el instituto estrechamos más los lazos y podría decirse que nos convertimos en amigas. Aunque cada una siguió una rama distinta (ciencias y letras) y más tarde en la universidad, siempre mantuvimos el contacto. Quizá menos de lo que a mí me hubiera gustado pero pese a todo llegamos a esa amistad tan fuerte en la que con sólo mirarnos entendíamos lo que queríamos decir. Coincidíamos en opiniones y nos apoyábamos cuando las cosas iban mal.
Todavía recuerdo cuando en mi primer coche hablábamos de amores imposibles y qué desafortunadas éramos. Cuántas charlas, cuántos momentos, cuántos cumpleaños y navidades juntas.
Qué pasó? Todavía no lo sé. Simplemente pasó, el tiempo fue abordando cada uno de los momentos que teníamos y las llamadas sin contestación, los mails sin respuesta y los sms perdidos en la inmensidad fueron lo habitual.
Pasado algún tiempo pensaba, quizá sea yo que soy algo exigente y no ha tenido tiempo, no ha podido... volvía a llamar o intentar comunicarme y entonces es cuando me arrepentía de haberlo hecho ya que seguía todo igual.
Y así hasta ahora, cuando fui a llamar y ese nº ya no le pertenecía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario