martes, 8 de febrero de 2011

El reloj

Miré la hora en aquel reloj negro que estaba sobre la mesita de noche y me di cuenta que era demasiado tarde para ir, demasiado tarde para volver, demasiado tarde para olvidar, demasiado tarde para corregir las palabras que salieron y las que quedaron dentro.
Me giré intentando volver a dormirme.
No lo conseguí.
Utilicé mil trucos: pensar en blanco, imaginar un espacio ideal, respirar profundamente para relajarme, me levanté para ir a la cocina a beber un vaso de agua, poco después me levanté para ir al baño.
No pude dormir.
Entonces me di cuenta que llegó el momento en el que debía tomar decisiones, o al menos intentar aclarar lo que quería. Había confusiones en mí que me acompañaban día y noche.
El amor, el trabajo, ese otro amor platónico que cada día me alentaba más, dónde vivir, el ir de aquí para allá…
No me entiendo. Siempre he sido cabal y ahora estoy perdida en un laberinto.
Camino buscando mi salida.

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