Tomé un pequeño trago de aquella copa de vino blanco que sirvieron para hacer tiempo, cogí mis tarjetas perfectamente ordenadas, me coloqué las tiras de aquellas sandalias carísimas y preciosas pero a la vez casi insoportables y me levanté decidida hacia aquel improvisado escenario. Dos peldaños sobre el resto.
“Buenas noches a todos los aquí presentes”, un nerviosismo todavía controlado sacudía mi pulso.
Una pantalla detrás de mí mostraba esa maravilla del arte de Botticelli, El nacimiento de Venus. Nos habían dicho que podíamos proyectar lo que quisiéramos e incluso, ambientar con música nuestra presentación. Yo me incliné por únicamente proyectar. Poner música era distraer al personal allí reunido.
“En primer lugar, quiero agradecer vuestra asistencia a este primer evento que se ha decidido convocar y donde, como sabéis todos, me han seleccionado como finalista. Desde luego que para mí es toda una proeza haber llegado hasta este punto y que tanto los que me conocéis como lo que no, habéis seleccionado mi relato. Muchas gracias a todos. Incluso a los que no lo hayan seleccionado, entiendo que aún así lo han leído. Hoy he decidido ilustrar mi pequeño discurso con esta obra de arte, El nacimiento de Venus.” Continué dando las gracias una vez más, explicando la finalidad de aquel relato y la de mi participación en tal concurso. Miraba de vez en cuando las caras de aquella gente sentada en las primeras mesas y algunos del fondo. Algunos miraban atentos, algunos otros cuchicheaban pero no me quitaban ojo. De alguna forma extraña, había conseguido calmarme y me sentía hasta algo cómoda allí arriba. Conocía a la gran mayoría allí sentada pero nunca había hecho nada parecido y mucho menos, había hablado en público.
Acabé mi exposición con una amplia sonrisa de satisfacción. Satisfacción por haber conseguido pasar estoicamente aquellos minutos sobre un estrado y satisfacción por haber logrado llegar al final de un concurso literario, modesto, pero al fin y al cabo, concurso literario.
Me llevé el segundo premio.
Conseguí mucho más de lo que jamás hubiera imaginado.